La Inteligencia Artificial ha dejado de ser una cuestión exclusivamente tecnológica para convertirse en un asunto de gobernanza, supervisión y responsabilidad empresarial.
El Consejo de Ministros ha aprobado este martes el proyecto de Ley de Inteligencia Artificial, una norma llamada a desarrollar aquellos elementos que el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial (AI Act) deja en manos de los Estados miembros: supervisión, coordinación institucional, ejecución y régimen sancionador.
La noticia es relevante. Pero conviene hacer una precisión importante: el marco regulatorio de la IA no empieza hoy.
Un proceso que comenzó hace años
El origen de este nuevo escenario normativo se encuentra en la propuesta presentada por la Comisión Europea en abril de 2021, cuando Bruselas impulsó el primer gran intento de regular la Inteligencia Artificial desde un enfoque basado en el riesgo.
La lógica europea ha sido clara desde el inicio: no todos los sistemas de IA presentan el mismo nivel de impacto y, por tanto, no todos deben someterse al mismo nivel de exigencia regulatoria.
Sobre esa base se construyó el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial (AI Act), un instrumento directamente aplicable en todos los Estados miembros y concebido para establecer un marco común de garantías, transparencia y seguridad.
Sin embargo, el propio Reglamento dejó en manos de cada país aspectos esenciales para su aplicación efectiva: qué autoridad supervisará el sistema, cómo se articulará el control, qué régimen sancionador se establecerá o cómo se coordinarán las distintas competencias regulatorias.
Es precisamente ahí donde se sitúa el proyecto aprobado ahora por el Gobierno español.
¿Qué aprueba exactamente España?
La futura Ley de Inteligencia Artificial busca completar el ecosistema nacional de supervisión y cumplimiento, reforzando especialmente el papel de la Agencia Española de Supervisión de la Inteligencia Artificial (AESIA) como pieza central del sistema.
Además, incorpora el marco sancionador previsto para las infracciones vinculadas al uso indebido de sistemas de IA, en línea con el Reglamento europeo, que contempla multas de hasta 35 millones de euros o el 7 % del volumen de negocio mundial anual en los supuestos más graves.
Pero reducir esta conversación a las sanciones sería un error. El verdadero cambio no es únicamente jurídico. Es organizativo y estratégico.
La pregunta ya no es si una empresa utiliza IA
Muchas organizaciones ya utilizan Inteligencia Artificial, aunque en ocasiones no sean plenamente conscientes de ello.
Herramientas de automatización, asistentes generativos, sistemas de análisis predictivo, plataformas de selección, motores de recomendación o aplicaciones de tratamiento documental forman parte ya de numerosos entornos empresariales.
Por eso, la pregunta relevante empieza a ser otra:
¿Sabe realmente la organización dónde está utilizando Inteligencia Artificial, con qué riesgos y bajo qué controles?
El nuevo escenario exigirá avanzar, entre otras cuestiones, en:
- Inventariar los sistemas de IA utilizados o integrados en la organización.
- Identificar posibles usos prohibidos o sistemas considerados de alto riesgo.
- Establecer políticas internas de gobernanza y supervisión.
- Garantizar supervisión humana efectiva en decisiones relevantes.
- Reforzar la trazabilidad, documentación y evidencia de cumplimiento.
- Revisar relaciones contractuales con proveedores tecnológicos.
- Coordinar el uso de IA con protección de datos, ciberseguridad, propiedad intelectual o responsabilidad empresarial.
- Impulsar formación y alfabetización tecnológica en equipos directivos y operativos.
En otras palabras, la IA deja de ser únicamente una conversación de innovación para convertirse también en una conversación de control, confianza y responsabilidad.
De la euforia tecnológica… a la responsabilidad
Hace meses, Manuel Lamela, Presidente Ejecutivo de Acountax, ya reflexionaba sobre esta cuestión en su tribuna “La inteligencia artificial: de la euforia social… a la responsabilidad social”, advirtiendo de la necesidad de combinar progreso tecnológico con marcos adecuados de confianza y supervisión.
La evolución regulatoria actual parece confirmar esa misma dirección. El debate ya no gira únicamente en torno a lo que la Inteligencia Artificial puede hacer. La conversación empieza a centrarse, cada vez más, en cómo utilizarla con rigor, seguridad jurídica y responsabilidad. Porque el reto no será solo innovar. Será hacerlo bien.
Desde Acountax seguiremos muy de cerca la tramitación de este proyecto de Ley en el Congreso y el Senado, así como su desarrollo posterior y las obligaciones que puedan derivarse para empresas y organizaciones. Informaremos puntualmente sobre aquellos aspectos que, desde una perspectiva jurídica y empresarial, puedan tener un impacto relevante en la actividad económica y en la gobernanza corporativa.
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