La publicación del Plan Anual de Control Tributario y Aduanero 2026 confirma la consolidación de un modelo de supervisión fiscal cada vez más apoyado en el análisis masivo de datos, la inteligencia artificial y los sistemas avanzados de evaluación de riesgos.
Para las empresas, este nuevo enfoque supone una mayor capacidad de la Administración para contrastar información procedente de múltiples fuentes, lo que incrementa la probabilidad de detectar incoherencias entre la información declarada y la realidad económica o financiera.
En particular, el refuerzo del acceso a información sobre movimientos financieros, cobros por TPV, operaciones vinculadas a medios de pago digitales o datos procedentes de plataformas tecnológicas permitirá a la Administración realizar análisis más precisos sobre la actividad económica de los contribuyentes.
El Plan también intensifica el seguimiento de determinadas estructuras societarias y patrimoniales, especialmente aquellas en las que puedan existir dudas sobre la existencia de una actividad económica real, como puede ocurrir en determinadas sociedades instrumentales o estructuras patrimoniales complejas.
Asimismo, se prevé un mayor nivel de control en sectores como el comercio electrónico, el sector inmobiliario, los alquileres turísticos o determinadas actividades en las que los pagos electrónicos no son habituales, ámbitos en los que la Administración considera que existe un mayor riesgo de economía sumergida.
Por otro lado, el Plan refuerza las actuaciones en el ámbito recaudatorio, incluyendo la mejora de los sistemas de evaluación del riesgo recaudatorio, la investigación de flujos financieros y el uso más eficaz de medidas cautelares y embargos, así como las derivaciones de responsabilidad tributaria.
En este contexto, adquiere especial importancia para las empresas garantizar la coherencia entre su realidad económica, patrimonial y financiera y la información que se declara ante la Administración tributaria, así como mantener una adecuada trazabilidad documental de las operaciones y estructuras societarias.
En definitiva, el nuevo enfoque de control tributario refuerza la necesidad de que las empresas no solo cumplan formalmente con sus obligaciones fiscales, sino que también puedan explicar y documentar de manera clara la lógica económica de sus operaciones y decisiones empresariales.
Al mismo tiempo, el creciente recurso a herramientas tecnológicas avanzadas y al tratamiento masivo de datos exige que su utilización se desarrolle con pleno respeto a las garantías jurídicas, la proporcionalidad en las actuaciones administrativas y la adecuada calidad y fiabilidad de la información utilizada.
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