2026 marca un antes y un después: ¿está tu estructura preparada?

Durante años, muchas compañías han funcionado con estructuras societarias que, en su momento, fueron perfectamente válidas. Respondían a un contexto normativo distinto, a necesidades operativas concretas y a una realidad empresarial diferente. Sin embargo, la inercia, tendencia natural a mantener lo que “siempre ha funcionado”, ha llevado a que muchas organizaciones sigan operando bajo esquemas que ya no encajan con el entorno actual.

Y 2026 no será un año más. Será un punto de inflexión.

El ejercicio 2026 llega marcado por un entorno más exigente para las empresas. No se trata solo de “más normas”, sino de un cambio de fondo: la Administración tendrá más información, más capacidad de cruce de datos y más herramientas para detectar incoherencias.

Entre los elementos que explican este nuevo escenario destacan:

  • Cambios en el Impuesto sobre Sociedades, con nuevos tramos y beneficios fiscales para pymes y empresas de nueva creación. Esto hace que estructuras diseñadas hace años puedan haber perdido eficiencia o incluso generar sobrecostes.
  • Ajustes en IVA, IRPF y obligaciones de facturación, en un contexto donde la digitalización del control tributario avanza con fuerza. Aunque algunos sistemas se aplacen a 2027, la tendencia es clara: más trazabilidad y menos margen de error.
  • Mayor control digital y automatizado, con un cruce de datos cada vez más sofisticado que permite a la Administración detectar inconsistencias entre sociedades del mismo grupo.

Además, 2026 trae consigo un mayor foco en la fiscalidad de socios y administradores. La Administración está reforzando el control sobre operaciones que durante años se han gestionado con cierta flexibilidad: retribuciones de administradores, préstamos entre socios y sociedades, uso de sociedades patrimoniales, o la coherencia entre funciones reales y remuneración declarada. No son cambios aislados, sino una tendencia clara hacia una supervisión más fina y automatizada. Esto significa que estructuras que antes no generaban dudas pueden empezar a hacerlo ahora, especialmente si no reflejan con precisión la realidad económica del negocio o la participación efectiva de cada socio. En este contexto, revisar la estructura societaria no solo reduce riesgos, sino que aporta transparencia y solidez a la relación entre la empresa y quienes la dirigen.

Nos dirigimos a un contexto que ya no permite errores. En este escenario, seguir confiando en estructuras diseñadas hace diez o quince años es, en muchos casos, una apuesta innecesariamente arriesgada.

Las empresas que “van bien” también deben revisar

Este artículo no está dirigido a compañías en crisis. Al contrario: las organizaciones que mejor funcionan suelen ser las que más tiempo llevan sin cuestionar su arquitectura societaria.

Cuando todo marcha razonablemente bien, es fácil dar por hecho que la estructura también lo hace. Pero la realidad es que muchas decisiones societarias se tomaron en un contexto que ya no existe: filiales creadas para proyectos que ya no están activos, sociedades instrumentales que hoy generan más carga que utilidad, estructuras fiscales que ya no aportan eficiencia, órganos de administración que no reflejan la realidad operativa, pactos entre socios desalineados con la evolución del negocio…

La revisión de estructuras societarias no debe entenderse como un ejercicio técnico ni como una auditoría normativa. Es, ante todo, un proceso estratégico: ¿la estructura que tengo hoy sigue siendo la que mejor protege, ordena y potencia mi negocio? Revisar no es complicar: es anticipar. Revisar permite: detectar riesgos antes de que se materialicen, simplificar lo que se ha vuelto innecesariamente complejo, adaptar la estructura a la estrategia actual, mejorar la eficiencia operativa y fiscal, reforzar la gobernanza y la transparencia, prepararse para un entorno regulatorio más exigente.

En definitiva, es una herramienta de prevención y de competitividad.

La pregunta que todo directivo debería hacerse en 2026

El objetivo de este artículo no es alarmar, sino provocar una reflexión honesta. Una sola pregunta, sencilla pero decisiva:

¿Mi estructura societaria sigue teniendo sentido hoy o simplemente la he dado por válida durante años? Si la respuesta no es un “sí” rotundo, quizá 2026 sea el mejor momento para revisarla.

Silvia Rúa Ayllón, Asociada responsable del área de Asesoría Financiera, Contable y Gestión Tributaria.

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